Mi historia personal
¡Hola Maravillosa!
Antes de presentarme con mi gorra de “La Coach Monologuista”, quiero compartir mi historia personal contigo porque sé que muchas podéis identificaros con ella.
Soy una persona normal, como tú, que ha recorrido un camino lleno de aprendizajes y descubrimientos.
Crecí en un hogar lleno de amor pero también marcado por creencias limitantes, muchas. Mis padres, que vivieron la posguerra, me enseñaron a ser cautelosa y a tener los pies en la tierra.
Mi padre, siempre preocupado por el sufrimiento, me transmitió la idea de que no soñar, no ansiar cosas y no arriesgar eran las mejores formas de evitar el dolor. Su cuento favorito para contarme por las noches era “El cuento de la lechera”.
Esta perspectiva, aunque bienintencionada, a menudo me hizo sentir que debía conformarme con lo que tenía y no soñar nunca. Menos mal que eso cambió un día.
Hasta entonces, mi vida se parecía al día de la marmota.
- Entré al colegio con solo 3 años y me quedé hasta los 17 en el mismo edificio.
- Vivo en el mismo barrio, en la misma casa en la que nací.
- Salí y volví.
- Llevo en la misma empresa trabajando desde el 2002.
Ningún cambio, ninguna novedad. Viví rodeada de las mismas creencias que me hicieron dudar de mis propias capacidades. La incertidumbre no está en mi ADN.
Este trabajo, aunque me ha brindado valiosas lecciones, solo ha servido para pagar las facturas. Sigo en ese mismo entorno, aunque ya no soy la misma.
Bien es cierto que dentro de mí había sueños e ilusiones que gritaban por salir. Lo que jamás me imaginé es que un día les abriría la puerta. ¡Bendito día!
Me enfrenté a esas viejas creencias limitantes que me han acompañado por años, mientras recogía fuerzas para soltar lo que ya no me servía. Mi pasado.
Todo ese proceso que he vivido desde el 2001, me ha hecho darme cuenta de que, a pesar de las limitaciones que tenemos, todas podemos reescribir nuestra historia. Si algo me mueve por dentro al escribirte estas líneas, es recordarte que nunca es tarde para cambiar.
¡Nunca es nunca!
Si alguna vez te has sentido atrapada en lo que te han enseñado, recuerda que el cambio comienza dentro de ti y que debes volver al origen.
Estoy aquí para acompañarte en este viaje de autodescubrimiento y empoderamiento, en el que descubrirás cómo transformar tus experiencias de vida en una comedia llena de risas, aprendizajes y, sobre todo, felicidad.
Cuento de la lechera
Había una vez una lechera que caminaba con una gran vasija de leche hacia el mercado. Mientras avanzaba, su mente comenzó a divagar, y se imaginó todo lo que podría comprar con el dinero que obtendría. Pensaba en huevos que se convertirían en pollitos y en cómo, con el tiempo, podría comprar un precioso sombrero.
Pero su papá, siempre serio y con una mirada preocupada, le decía: «Hija, más vale un pájaro en mano que cien volando. La vida no ofrece muchas oportunidades, y es mejor no soñar en grande». Sus palabras resonaban en su mente como un eco, llenándola de una sensación de desesperanza.
A pesar de la advertencia de su papá, la lechera seguía soñando, aferrándose a cada imagen que su mente creaba. Pero un día, mientras se perdía en esos sueños, tropezó y ¡plop! La leche se derramó por el suelo, convirtiéndose en un charco blanco que se esfumaba.
Mirando la leche perdida, se sintió desilusionada y sola. Aquellos sueños que parecían tan brillantes se desvanecieron en un instante. Su corazón se llenó de tristeza, y comprendió que no había nada asegurado. Las esperanzas se desmoronaron, y, en medio de su desesperación, su papá la abrazó, recordándole que a veces la vida no tiene sorpresas agradables, y que lo mejor era conformarse con lo que se tenía.
Desde ese día, la lechera aprendió a guardar sus sueños y, aunque a veces se sentía vacía, sabía que su papá siempre tendría razón. Fin.
Cómo Conocí el Coaching y Sus Superpoderes
Me toca ahora hablarte de cómo conocí el coaching y descubrí sus increíbles superpoderes. Todo comenzó con un deseo muy claro: quería dejar de fumar.
Después de varios intentos fallidos que me hicieron sentir como una superheroína en apuros, supe que necesitaba un cambio real.
Fue entonces cuando mi empresa, en un acto de generosidad (o quizás de desesperación por mis constantes escapadas al balcón), puso el coaching grupal al alcance de todos. ¡Y ahí estaba yo, con un pie en la puerta y el otro aún luchando con un cigarrillo!
Desde el primer día, el coaching me buscó y me encontró. No podía creer que, por fin, alguien estuviera allí para ayudarme a dar el paso que tanto necesitaba.
Mi coach no solo me proporcionó un plan para dejar de fumar, sino que también me mostró que tenía un superpoder oculto: ¡el poder de cambiar mi mentalidad!
A través del coaching, descubrí varios superpoderes que transformaron mi vida:
- Autoconocimiento: Aprendí a entender mis motivos para hacer lo que sabía que no debía y a identificar esos momentos en los que mi mente trataba de llevarme de vuelta a la adicción.
- Visualización de metas: Mi coach me enseñó a imaginar mi vida sin fumar, lo que me hizo sentir que podía lograrlo. ¡Era como ver un tráiler de mi propia película de éxito!
- Estrategias de afrontamiento: Aprendí a lidiar con el estrés sin recurrir a algo que me hacía daño. Ahora, en lugar de fumar, ¡me encuentro bailando en la cocina!
- Resiliencia: Aprendí que el camino hacia el cambio no siempre es recto. Cada pequeño tropiezo se convirtió en una lección y cada lección fue un paso más hacia mi objetivo.
- Cambio de creencias: A medida que trabajaba en mí misma, pasé de creencias que me encadenaban a sentirme libre y capaz para el cambio. Me di cuenta de que merecía una vida más saludable y feliz.
Aunque vi el superpoder del coaching en acción, no fue hasta 10 años después que decidí hacer el máster en coaching.
Fue como si la vida me estuviera diciendo: “¡Es hora de que uses esos superpoderes para ayudar a otras mujeres a brillar!”
Así que, si alguna vez te has sentido atrapada en un hábito que no te sirve, recuerda que el coaching puede ser la clave que necesitas para desbloquear tu verdadero potencial. ¡Déjame acompañarte en este emocionante viaje hacia una vida llena de posibilidades!
Y no, no voy a ayudarte a dejar de fumar. Esta es solo mi historia. Y un ejemplo claro de cómo el acompañamiento puede cambiar una vida.
Cómo nació la coach monologuista
¡Ahora sí! Te cuento la historia de la Coach Monologuista, que nace en un momento clave de mi vida: mientras cursaba el máster en coaching.
En ese entorno, donde tenía que desnudar mi alma en cada clase, algo que me costaba la misma vida, descubrí que expresar mis pesares más íntimos en forma de monólogo era la forma más sencilla para mi. Por eso los compañeros empezaron a llamarme así: La Coach Monologuista.
Siempre había tenido una inclinación natural hacia el humor y desde pequeña, la gente me decía que tenía un don para hacer reír. Así que empecé a compartir mis experiencias con risas, incluso cuando atravesaba momentos difíciles.
También recuerdo sentirme agotada y vacía cuando me quedaba sola, era siempre la encargada de poner la chispa en todas las reuniones, parece que no valía para nada más.
El humor era mi capa de invisibilidad emocional, así no mostraba cómo me sentía de verdad.
Y te puedo contar muchas historias, pero como no quiero que salgas de aquí llorando, te contaré una con la que te vas a reír. Aunque te diré que en ese momento a mi no me hacía ninguna gracia.
Siempre he ido de cabeza con el orden, me avergonzaba no ser capaz de tener ordenada mi habitación. Por más horas que me pasara ordenando, al minuto siguiente estaba igual. Por eso contaba siempre que mi habitación era como el Primark en rebajas. ¿Has estado alguna vez en una tienda de ropa un día cualquiera de rebajas? Pues esa era mi habitación. Y así lo contaba para no mostrar cuánto me dolía.
Por eso cuando me decidí a salir de aquel caparazón haciendo un máster en Coaching para sanarme por dentro y empezaron a llamarme así, pensé que estaba fracasando, que seguía igual, escondiendo mis penas con risas.
Y, sin embargo, fue terapéutico. Con el acompañamiento correcto, empecé a mostrar mi vulnerabilidad, mis demonios salieron a la luz y por primera vez los enfrenté cara a cara, y si, el humor fue una de mis armas para vencerlos, comprendí por primera vez en mi vida que si lo usaba bien era mi gran poder.
Dicen que no es fácil hacer reír, menos en los peores momentos, pero a mi es de las cosas que mejor se me da. Podríamos decir que es mi don que surgió primero como un refugio y después también fue mi salvación.
A partir de ahí, la idea de la Coach Monologuista empezó a gustarme y comenzó a tomar forma.
Al acabar el máster por fin me atreví a apuntarme a clases de teatro, algo que siempre había deseado y también otra gran necesidad se había despertado en mí: “quería ayudar a otras mujeres a conseguir lo mismo que había logrado yo: dejar sus miedos atrás y vivir más felices”. Y lo haría con el humor como medio para vivir mejor.
El humor es mi terapia. Y hoy quiero hacerla tuya.
Mi misión es que, a través de la risa, las mujeres puedan reflexionar sobre sus propias vidas y situaciones, fomentando un cambio positivo en su realidad. El humor se convierte así en una herramienta para abrir corazones y mentes, permitiendo que cada mujer reconozca su valía y el poder que tiene para transformar su vida. En definitiva, que pueda ser feliz incluso en los días de tormenta.
Y ahí surgieron los monólogos, que no son solo relatos divertidos; cada uno de ellos lleva un mensaje profundo diseñado para crear conciencia y dejar huella en tu cabecita.
Hoy, como La Coach Monologuista, siento la alegría de acompañar a otras mujeres en su viaje de autodescubrimiento para ser más felices.
Juntas reímos, reflexionamos y, lo más importante, aprendemos a hablarnos con amor. Cada día veo cómo mis clientas empiezan a brillar con su propia luz, a reírse de sus historias y a abrazar su autenticidad.
La Coach Monologuista no solo es un nombre, es una misión: ayudar a cada mujer a reconocer y celebrar su valor, utilizando el humor como un puente hacia la autoestima. Porque, al final del día, la vida es demasiado corta para no reírse de una misma y, sobre todo, para no amarse a una misma.