Coaching con humor VII; Sexta sesión

Llego a mi sexta sesión y, por primera vez, no siento que voy a un examen. Siento que voy a ver a una amiga de esas que te dicen las verdades del barquero pero te invitan a un café mientras lo hacen.

Entro en la consulta y, ¡atención!, mi Coach no está perfecta. Tiene una mancha de café en la solapa y está peleándose con una persiana que no quiere subir.

— Yo: (Riéndome) ¿Necesitas ayuda, «Super-Coach»? ¿O es un ejercicio de mindfulness para trabajar la frustración con los objetos inanimados?

— Mi Coach: (Soltando un bufido y riéndose de sí misma) ¡Hija, qué mañana llevo! Se me ha roto la cafetera, he perdido las llaves y ahora la persiana se ha declarado en huelga. Si me vieras hace diez minutos jurando en arameo, me quitabas el título de Coach ahora mismo.

Me encanta. Verla así, un poco humana y «desquiciada» como yo, hace que me sienta infinitamente más relajada. Nos sentamos, y esta vez no cruza las piernas como una estatua; se descalza y se pone cómoda.

— Mi Coach: Bueno, después de mi momento estelar con la persiana… cuéntame, ¿cómo te ha ido ignorando al comercial de los seguros mentales? ¿Te ha vendido alguna póliza de inseguridad nueva?

— Yo: (Sonriendo de verdad) Pues mira, la verdad es que no. He estado practicando lo de «gracias por el aviso, pero paso de ti» y, oye, funciona. Pero ahora que hay un poco de paz en mi cabeza, me siento… no sé, como una hoja en blanco. Me da miedo que si no tengo a quién culpar de mis dramas, me quede vacía. Sin el «churri» y sin el cabreo con la vecina cotilla… ¿quién soy yo, Coach?

— Mi Coach: (Me mira con una ternura que me llega al alma, sin frases hechas) Ay, amiga… esa es la pregunta del millón. Yo también me la hago a veces cuando se me rompe la cafetera y me doy cuenta de que mi paz no puede depender de un café. La sensación de vacío asusta, pero es el mejor sitio para empezar a construir algo de verdad. No lo que «tienes» que ser, sino lo que te sale de las tripas.

— Yo: Pero es que me siento perdida. Es como si hubiera limpiado el armario de ropa vieja y ahora no tuviera qué ponerme.

— Mi Coach: (Se acerca un poco más, apoyando los codos en sus rodillas) Escúchame bien. Tú no eres un armario vacío. Eres una mujer que ha decidido que ya no quiere que los demás escriban su guion. El vacío que sientes no es falta de contenido, es espacio para tus ganas. ¿Qué te hace vibrar de verdad? Pero de verdad, ¿eh? Olvida al novio, olvida a tu madre, olvida lo que dice Instagram. Si hoy fueras la última persona en la Tierra, ¿qué te haría sonreír?

— Yo: (Me quedo un rato en silencio, pensando de verdad) Pues… me gusta reír. Me gusta sentirme libre. Me gusta aprender cosas raras. Me gusta cuando ayudo a alguien y me sale esa chispa de «valgo para algo».

— Mi Coach: ¡Pues ahí lo tienes! Esas son tus piezas de Lego. Tu seguridad no nace de encontrar a un tío que te diga que eres guapa; nace de que tú honres esas cosas. Si tú eres fiel a tu risa y a tu libertad, cuando venga el pesado de turno a preguntarte por el novio, le vas a mirar con una mezcla de risa y pena, porque tú estarás en algo mucho más grande: estarás ocupada siendo tú.

La Tarea de la Semana: ¡Cuidar mi Chispa!

Esta sesión me ha dejado un nudo en la garganta, pero de los buenos. No hemos hablado de planes de acción con flechitas y gráficos. Hemos hablado de ser humanas.

Lo que me llevo:

Que hasta la Coach tiene días malos y que eso no le quita ni un poquito de valor. Que mi vacío no es malo, es el espacio que necesitaba para dejar de ser quien los demás esperaban que fuera.

Mi Acción:

1. Cita con mi Chispa: Voy a hacer una cosa esta semana, una sola, que sea solo por placer. Sin que sea productiva, sin que me haga «mejor persona», solo porque me apetece. Bailar en el salón, leer un libro tonto o irme a ver el atardecer con un helado.

2. El «Soy Humana»: Cuando me pille juzgándome por no ser perfecta, me diré: «Vale, hoy soy la Coach con la mancha de café. Y aun así, soy la leche».

Mi Coach se despidió de mí con un abrazo de los de verdad (nada de palmaditas en la espalda) y me dijo: «No busques ser perfecta, busca ser tú. Es mucho más divertido y cansa menos».

Me voy de la sesión sintiendo que, por fin, la «copiloto» y yo vamos en el mismo equipo.

(Estamos en la sesión 6 de 10… y me estoy dando cuenta de que liderar mi vida no es mandar, es quererme un poquito mejor. ¡Nos vemos en la séptima!).

NOTA: Estas sesiones son totalmente ficticias y los personajes no son reales… o quizás sí, o algo así.

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