Coaching con humor V; Cuarta sesión

Llego a mi cuarta sesión y, mira, la alegría de las semanas anteriores ya se ha evaporado. Si la semana pasada sentía un «vacío», esta semana siento pánico escénico.

Mi Drama Queen ha estado gritando por la casa: «¡Que no me vas a obligar a mirarme al espejo sin maquillar, que te lo tienes creído!».

Y yo, claro, negociando con ella como si fuera una inquilina morosa.

Y llego a la consulta. Hoy no cruzo las piernas, me siento como puedo.

Estoy agotada mentalmente de pelearme conmigo misma.

— Yo: (Suspirando fuerte) Coach, tengo que decirte la verdad. Ha sido la semana más dura desde que empezamos.

— Mi Coach: (Se recuesta, inalterable, con esa calma que me desespera) Cuéntame, ¿qué ha pasado con los ejercicios?

— Yo: Pues mira, la Acción Valiente y Cansina (pedir un favor) la hice el lunes. Me dio un patatús de vergüenza, pero lo pedí, ¡y me lo hicieron! O sea, ¡funciona!

— Mi Coach: Fantástico. ¿Y qué aprendiste de esa experiencia?

— Yo: Que la gente no es tan mala como mi cabeza me dice. Que no molesto. Pero ahí se acabó lo bueno.

— Mi Coach: Hablemos del Ejercicio del Espejo Sin Trampas.

— Yo: (Tartamudeando) Uff… ¡es horrible! El primer día me puse delante, me dije: «Me apruebo y valgo, y punto», y me empecé a reír como una histérica poseída. Me parecía una chorrada ridícula.

— Mi Coach: ¿Y por qué crees que te reíste?

— Yo: Porque no me lo creo. No me lo creo, y me da vergüenza decir esa mentira en voz alta. Me veo en el espejo, y mi cabeza me dice: «¡Pero mira qué ojeras! ¿Valer? ¿Quién va a querer esto?»

Zasca: Auto-Aprobación VS. Auto-Juicio

Ahí es cuando mi Coach suelta el zasca definitivo, porque me he autodiagnosticado:

— Mi Coach: No te ríes porque sea una chorrada. Te ríes porque tu voz interna, la del juicio, es mucho más fuerte que tu voz de la aprobación. Llevas décadas dándote palos, y quieres cambiarlo con una frase.

— Yo: Pues sí. Es que me siento una farsante. ¿Cómo voy a auto-aprobarme si no me gusta lo que veo?

— Mi Coach: La auto-aprobación no es un premio que te das cuando te ves perfecta. Es la decisión de aceptarte aunque tengas ojeras, aunque te equivoques, aunque no tengas novio.

— Yo: ¡Hala! ¿O sea que no tengo que gustarme para aprobarme?

— Mi Coach: No. Dejar de darte caña es el primer paso. El problema no es que no valgas; es que tienes una adicción a juzgarte. Y esa adicción es la que te hace sentir insegura.

La Tarea de la Semana: ¡A Desactivar la Adicción al Juicio!

La lección de esta cuarta sesión fue clarísima: ¡Soy una yonqui del juicio propio! Y eso de mirarse al espejo es la cura de desintoxicación más horrible del mundo.

Para esta semana, el plan se centra en desactivar la voz del juicio antes de que empiece a hablar:

Me Llevo Esto: He descubierto que mi problema no es la inseguridad, ¡sino mi adicción a juzgarme mal! Es la raíz de todo el drama.

Mi Acción (El Interruptor Mental): Cada vez que me pille juzgándome por cualquier tontería (que si el pelo, que si lo que he dicho), pararé en seco y diré: «¡Falso! Elijo otra cosa.» ¡Y lo sustituiré por un «Estoy bien así.»!

El Detector de Tonterías Avanzado: El Detector de Tonterías (el de mandar a la Drama Queen a pensar) ahora se activa antes de la conversación trampa, para parar el juicio interno. ¡No esperar a que me pregunten por el novio!

Mi Coach habla clarito:

Deja de buscar la perfección, y empieza a buscar la aceptación.

Esta Cuarta Sesión ha sido un puñetazo en toda la boca. El zasca de la adicción al juicio es brutal. Ahora, ¿conseguiré parar mi propia cabeza? ¿O la adicción es más fuerte que yo?.

(Estamos en la sesión 5 de 10… ¡y la cosa se pone interesante! ¡No te pierdas la próxima entrega!)

NOTA: Estas sesiones son totalmente ficticias, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, (o quizás no)…

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